Papá: Pero... ¿Qué hacés aquí con el televisor desenchufado?
Mafalda: ¡Pensar! Alguna vez quería darme el lujo de poder pensar mientras estoy sentada mirándolo.
La libertad de expresión y el derecho a la información es algo indiscutible en todas las democracias cel mundo. ¿Qué pasaría si no pudiéramos decir lo que queremos comunicar?
Eso le pasó a Guillermo Kelly cuando dijo en su programa radial, en el año 91, que esa noche contaría "de dónde provienen los hijos de las señoras nobles", refiriéndose a los hijos de Ernestina Herrera de Noble, dueña de Clarín, de quien se cree que son hijos de desaparecidos. También le sucedió lo mismo a Liliana López Forezzi, quien ya no pudo opinar más en el mal llamado "Periodismo de opinión".
Recordemos que la dueña de clarín ya estuvo presa en el año 2002, tras ser denunciada por las Abuelas de Plaza de Mayo, por los delitos de supresión de estado civil, retención y ocultamiento de menores y falsificación de documento público. La presión del Grupo Clarín hizo que el juez fuera destituido y Ernestina quedara libre.
¿Quién puso en marcha esos crueles mecanismos de censura, bastante propios de una dictadura militar en la que bien le gustaría vivir a la señora de Noble? En un almuerzo entre el ex presidente Carlos Menem y la dueña de Clarín, esta última pidió a Menem "que se calle Kelly" y Menem respondió "Que se calle Liliana" zanjando así el asunto de la "subversión" mediática.
La censura en nuestros tiempos es anacrónica. No se puede privar a una persona de hacer lo que sabe y, más aún, lo que necesita hacer. Porque de la misma manera que un escritor necesita escribir, un pintor necesita pintar, un músico necesita componer o interpretar... un periodista puro (es decir, que no está "comprado" por un lado o por otro) necesita analizar la realidad como sabe hacerlo.
Una última reflexión: ¿Quién es el ex presidente Ménem o la dueña de Clarín (el Gran Pseudodiario Argentino) para callar esas voces? Pero este recorte de libertades no afecta solamente a los profesionales. Yo diría que la basura que nos meten cotidiánamente en los medios, la forma en que nos bombardean con programas de periodismo barato, de paparazzis enloquecidos, de grandes hermanos que no queremos tener, de shows y concursos absurdos... no son una casualidad. Forma parte de un perverso mecanismo de lavado de cerebro. Si realmente entendiéramos de qué forma influyen en nuestras creencias, en nuestras expectativas, en nuestra personalidad y conducta, entenderíamos también que no solo los periodistas e intelectuales tienen que estar preocupados por su profesión.
